
La industria textil atraviesa uno de los períodos de menor actividad de los últimos años. Las fábricas trabajan, en promedio, con apenas el 36,6% de su capacidad instalada, mientras la caída del consumo llevó a una reducción generalizada de los precios para impulsar las ventas, en un contexto marcado por el crecimiento de las importaciones y el cierre de establecimientos productivos.
De acuerdo con datos difundidos por la Fundación Pro Tejer, desde fines de 2023 dejaron de operar 874 establecimientos textiles, en un escenario en el que la retracción del mercado interno y el incremento de los productos importados impactan sobre la producción nacional.
El informe señala que la actividad del sector registró en abril una caída del 23% interanual y se ubicó 31% por debajo de los niveles de 2023. Como consecuencia, la utilización de la capacidad instalada descendió al 36,6% durante el primer cuatrimestre del año, uno de los registros más bajos de la serie. Desde Pro Tejer indicaron que “es el nivel de actividad más bajo de la historia, solo superado por los meses de pandemia”.

La menor demanda también modificó la estrategia comercial de las empresas. En distintos segmentos del mercado comenzaron a multiplicarse las promociones y rebajas para reducir el volumen de mercadería acumulada. En algunos casos, los descuentos superan el 50%, priorizando el movimiento de stock por encima del margen de rentabilidad.
El presidente de la Cámara Argentina de Indumentaria, Claudio Drescher, describió el escenario que enfrenta la actividad: “Hoy están todos colgados del travesaño”, señaló al referirse a la situación de fabricantes y comerciantes.
El dirigente explicó además que “se adelantaron los descuentos, con fuertes bajas, y por debajo de los costos. Esto no tiene que ver con que hoy sea más barato producir sino por el pésimo momento por el que atraviesan las ventas. Actualmente el negocio no pasa por ganar plata sino por sobrevivir. Lo que no tiene descuento no se vende”.
La economista de Pro Tejer, Lucía Knorre, sostuvo que la acumulación de mercadería responde principalmente al debilitamiento del consumo. “Las empresas trabajan con rentabilidad negativa; hay sobre oferta en el mercado, que está sobreestockeado. Los remates de stocks tienen que ver, sobre todo, con la caída de consumo más que por las importaciones. Hoy no se venden bien productos locales ni importados”, afirmó.
Importaciones y precios
El sobrestock alcanza tanto a la producción nacional como a la mercadería proveniente del exterior. Sin embargo, el ingreso de productos importados continúa creciendo. Entre enero y mayo de 2026 las compras externas del sector alcanzaron US$384 millones, equivalentes a 26.000 toneladas, el mayor volumen registrado para ese período.
El informe agrega que las importaciones de productos terminados también marcaron niveles récord, con incrementos del 73% en indumentaria y del 45% en confecciones, medidos en volumen.
En materia de precios, el rubro de prendas de vestir y calzado volvió a ubicarse entre los de menor incremento de toda la economía. Durante mayo registró una suba del 0,3% mensual y del 12% interanual, por debajo de la inflación general, que fue del 2,1% mensual y 33,2% interanual.

La entidad también advirtió sobre la disminución de las inversiones. Las importaciones de bienes de capital destinadas al sector retrocedieron 46% en los primeros cinco meses de 2026 respecto del mismo período del año anterior, con adquisiciones por apenas US$29 millones.
En paralelo, el empleo continúa mostrando una tendencia descendente. Según Pro Tejer, el complejo integrado por los sectores textil, confecciones, cuero y calzado encabeza la caída del empleo asalariado privado registrado, con una reducción del 20% en comparación con diciembre de 2023.